domingo, 13 de marzo de 2011

Los principales tipos de pinturas

LA PINTURA, TIPOS

Las Principales Técnicas Utilizadas En La Realización De Una Obra Pictórica:

La preparación del material que incorpora el color: Desde la antigüedad, lo más importante de las técnicas de la pintura ha sido el medio, o médium líquido. Con él se mezclaban los pigmentos para fabricar los colores que son recogidos por el pincel lo más dócilmente posible la instrucción del cerebro y la mano del artista.
Dependiendo del material que utilice el artista, necesitará trabajar con técnicas específicas acordes con las capacidades y versatilidad que dichos materiales le ofrezcan.
Los tipos de pintura que más frecuentemente encontramos en la historia del arte son los siguientes:

La acuarela

La acuarela, en su forma más clásica y pura, usa colores en forma de pigmentos secos, hechos polvo y aglutinados por algo de goma en una oblea o pastilla. A estos se les aplica agua para diluirlos y recogerlos con el pincel para pintar sobre el papel.
En esta técnica los efectos de luz se obtienen por el blanco del fondo del papel sobre el que se realiza la obra, sin intervención alguna del pigmento blanco. Por ello, la calidad, porosidad y luminosidad del papel son de gran importancia en esta técnica pictórica.

El pastel

En la técnica de pintura al pastel se aplica manualmente el color con barras sólidas de pintura. Las barras son preparadas moliendo el pigmento y añadiéndole algún tipo de cola para aglutinarlo, como en la acuarela, para formar barras de cada color.
El pastel es fácil de utilizar y no tiene los inconvenientes de la pintura al óleo, en el que actúan múltiples factores complejos que alteran el color. Las principales desventajas del pastel consisten en la escasa capacidad de adherencia del color, que se desprende fácilmente, por lo que es recomendable usar pigmentos y colas de alta calidad.
La técnica de pastel requiere de papeles de gran calidad, hechos de fibra con suficiente porosidad para retener el color. El uso del pastel facilita el fondo de color en el papel, lo que le otorga gran versatilidad a los tonos generales de la obra.
Para lograr mayor adherencia, se suele tener que aplicar capas de barniz pero esto puede afectar el color y la luminosidad.

La pintura acrílica

El desarrollo de llamar un imperativo social: la pintura acrílica como medio pictórico se produjo como consecuencia de lo que podríamos
En los años veinte, un grupo de pintores en México en particular, en especial José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera requerían pintar grandes murales en edificios públicos, algunos de ellos en los muros exteriores, expuestos al aire libre. Comprobaron que el óleo no duraría mucho en tales condiciones, y experimentaron con el fresco y otros materiales. Necesitaban de una pintura cuyo secado fuese rápido y permaneciera estable ante los cambios climáticos. En realidad era en el campo industrial donde este tipo de cualidades de la pintura había tenido ya un desarrollo de investigación, por lo que acudieron a las resinas plásticas para probarlas como vehículo para pigmentos. Así comenzó una amplia investigación artística y se creó una resina sintética adaptada como medio artístico: la acrílica.
En los años treinta, el taller de Siqueiros en Nueva York experimentaba con nuevas fórmulas y se vinculaba con una amplia comunidad artística y científica. Numerosos artistas del vanguardismo en los Estados Unidos, vinculados con los muralistas mexicanos, participaban ya del uso de los colores acrílicos como Jackson Pollock, David Hockney, Robert Motherwell, etc. A finales de los años cincuenta era posible encontrar en el mercado de materiales para las artes la pintura acrílica.
En los últimos años han tenido una gran difusión los colores acrílicos o polimerizados. En estos se mezclan los mismos pigmentos que se emplean en el óleo y la acuarela tradicionales, pero aglutinados por una sustancia plástica de resinas acrílicas o de vinilo, o de ambas, que pueden ser diluidas por agua o por un médium acrílico.
Las grandes ventajas de estos nuevos colores son:
· Al secar la capa pintada queda una película impermeable y permanente · Con estos colores pueden ser igualados, y aún superados, los resultados de las técnicas clásicas, puesto que se obtienen las mismas transparencias que en acuarela, las opacidades del gouache y el temple, así como las calidades de consistencia densa y extra-densa del óleo para las técnicas con pincel y espátula.
Estos colores secan rápidamente por lo que permiten superposiciones en un tiempo mínimo y no se cuartean, ni se vuelven amarillos u obscuros como aquellos en que intervienen aceites.
Con ellos se puede pintar sobre soportes de cartón, papel, madera, lienzo, metal, cristal, etc. Con o sin preparación previa, y no es necesario barnizar aunque si así se desea, se podrá llevar a cabo este terminado con el médium acrílico, mate o brillante.

El óleo

Aunque se tienen datos que establecen que los egipcios, preocupados por la permanencia de sus pinturas, conocían las propiedades del la pintura creada a partir de una mezcla de aceite de linaza y pigmentos de colores, el descubrimiento de la pintura al óleo suele atribuirse a los pintores flamencos, en específico los hermanos Van Eyck hacia el año de 1410.
Los artistas buscaban constantemente nuevos métodos y recursos para lograr mayor permanencia para sus obras a lo largo del tiempo ya que algunos colores y luminosidades se perdían con los años. Así, descubrieron que los aceites de linaza y de nueces, mezclados con los pigmentos de color, eran los que mejor secaban sin estirar las telas o maderos preparados sobre los que se realizaban las pinturas. Además, estos eran muy útiles como barnices para, una vez terminadas las obras, aplicar una capa para dar mayores luminosidades y brillo a la pintura.
El descubrimiento de la pintura al óleo provocó una verdadera revolución en las artes y transformó con celeridad las técnicas pictóricas de la época. La ejecución de la obra se realizaba en una tabla con una preparación de yeso y cola, sobre la que se plasmaba el dibujo con tinta, para después aplicar la pintura. Las pinturas al óleo permitieron la permanencia de los colores que daban luminosidad así como la mezcla, desde la paleta, de los distintos colores para generar nuevos sin tener que prepararlos desde un principio.
El óleo tenía como ventajas sobre la técnica del temple que la pintura podía ser almacenada durante días, lo que incluso parecía darle mayor brillantes al color una vez que comenzaba a cristalizar el aceite de linaza; además estas pinturas podían ser mezcladas durante su aplicación y se podía conseguir también cierto relieve en la textura de la obra con capas gruesas de pintura, lo que añadía nuevas posibilidades de aprovechamiento pictórico. Se observaba además que con el tiempo las materias grasas se tornaban transparentes dejando a la vista tenues suavidades de las capas previas.
Sus desventajas eran que la preparación de las mezclas del aceite debían ser muy cuidadosas y en cantidades exactas ya que la suciedad y el exceso de óleo provocaban el obscurecimiento general de la obra o el desprendimiento de capas de pintura.
Sin embargo, los artistas continuaron siempre su investigación para desarrollar sus métodos y técnicas. Les interesó la preparación de los colores, el uso de texturas y la preparación de las tablas o lienzos de tela para garantizar las mejores luminosidades y tonos de los colores, así como la permanencia de éstos a lo largo de los años, o sencillamente dar al resultado de la obra una particular y muy personal definición.

La pintura mural

La pintura mural es sin duda la forma más antigua de la pintura. A lo largo de la historia, y aún en la prehistoria, el hombre se ha expresado de múltiples maneras en forma gráfica. En algunas cuevas de la edad de piedra, donde los hombres vivían y encontraban refugio, podemos encontrar pinturas murales con vivos colores que representan eventos de sus vidas como por ejemplo la cacería: en las cuevas prehistóricas de Altamira en España y las de Lascaux en Francia se pueden ver, en colores vivos todavía, pinturas sobre los muros y techos que representan figuras de hombres con lanzas y animales corriendo.
En el antiguo Egipto, en Grecia y Roma antiguas, en las construcciones precolombinas de centro y Sudamérica, etc. podemos observar pinturas en las paredes de templos y de las grandes construcciones, pinturas con motivos o temas que representan algo importante de las vidas y creencias religiosas de los antiguos pobladores del mundo. En las pirámides y grandes templos de la antigüedad era común encontrar figuras coloreadas que formaban parte integral de la arquitectura.
Durante la Edad Media se generalizó la pintura mural en los templos y mansiones, en donde podemos ver escenas con figuras y paisajes u ornamentos en las paredes, o en las bóvedas del techo para adornar una habitación. La pintura mural llenaba paredes enteras y techos de bóvedas del interior de los templos religiosos, así como de los castillos feudales. Durante el Renacimiento, aún cuando una gran parte de la pintura se realizaba ya sobre telas y madera que podían ser transportados, las grandes cúpulas de iglesias y escalinatas, así como inmensas paredes de los palacios y salones tenían pinturas que mostraban (eventos sociales), temas bíblicos o batallas heróicas.
En México tuvimos un gran movimiento muralista con artistas universales de la talla de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y muchos otros que se unieron a esta corriente pictórica desde la tercera década del siglo XX.
Las principales técnicas empleadas en la pintura mural: Hay dos técnicas fundamentales en la pintura mural: pintar sobre paredes secas ("a secco" en italiano), y pintar sobre una pared que es tratada con ciertos materiales, que servirán de fondo a la obra, mientras la pared se mantiene húmeda ("a fresco").

Pintura al temple

Los antiguos egipcios desarrollaron una técnica que ahora llamamos "al Temple" que consistía en la preparación de los colores añadiendo al pigmento una mezcla de engrudo o gomas (colas) y huevo. Si la obra debía ser transportada añadían cera con algo de aceite para permitir una mayor adherencia del color al material que serviría de soporte a la obra. Dicha técnica requiere de una gran destreza para aplicarse debido a que los colores no se fusionan bien si estaban frescos aún, en la tabla, muro, objeto o tela en que eran impregnados.
Al final de la Edad Media (durante siglos XIII y XIV), la principal técnica de la pintura la constituía el fresco, que requería múltiples veladuras de temple al huevo. El temple era preparado con clara, yema de huevo, retoños de higuera y agua, todos ellos fáciles de conseguir. A diferencia de estos materiales, los que servían para fabricar los pigmentos eran, en muchos casos, escasos y caros (ver paginas de fabricación del color) ya que provenían de piedras preciosas, plantas o minerales de tierras lejanas.
En este periodo se desarrolla la pintura alusiva a la figura de algún personaje santificado o bíblico, que en lo fundamental era obra relativamente pequeña (de 30 a 50 cm por lado), trabajada sobre una tabla delgada asentada sobre un caballete.
Tales obras podían ser transportadas con cierta facilidad, por lo que se difundió con alguna rapidez entre los señores y las castas nobiliarias el hecho de contar no solo con frescos (murales) en los grandes muros de sus castillos y palacios, sino también con obras enmarcadas y transportables. Si bien en regiones húmedas, el material de la obra sufría graves deterioros en un plazo breve.
Como los colores no se mezclaban entre sí estando aún frescos, se tenían que preparar decenas de éstos para poder dar los tonos, luces y sombras de la obra, o bien se aplicaban sucesivamente tras el secado, decenas de capas de pintura.
Los colores dorados que se observan recurrentemente en temas religiosos o telas y en la joyería de los retratos de la época se lograban aplicando láminas de oro cuidadosamente con un temple de clara de huevo muy fresco. Y lo esparcían con una gema preciosa o un diente grande de animal bien pulido.
La investigación constante de los artistas por encontrar materiales disponibles y que permitiesen además a las obras mantenerse intactas el mayor tiempo posible, así como lograr mayores capacidades de brillantez e intensidad de tonos, permitió, hacia finales del siglo XIII y principios del XIV, descubrir el uso de materiales grasos usados como barnices. Los barnices protegen la obra de las inclemencias del clima al ser aplicados al conjunto de la misma como un recubrimiento final.
Las nuevas mezclas permitían mezclar colores aún húmedos y lograban mayor brillantez al aplicar barnices al finalizar la obra. Esto aumentaba el fervor de los artistas por la investigación permanente de nuevas formas de usar mezclas de aceites vegetales y minerales.

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